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"Los radiólogos que usan la IA sustituirán a los radiólogos que no la usan": la medicina ante su mayor transformación

  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

Petia Radeva, catedrática de la Universidad de Barcelona, defiende que la inteligencia artificial no reemplazará a los médicos, sino que los empoderará, pero advierte que usarla sin ética ni control sí representa una amenaza real


Petia Radeva, catedrática y directora del Grupo de Investigación en Inteligencia Artificial y Aplicaciones Biomédicas de la Universidad de Barcelona, arrancó su ponencia La IA - ¿amenaza o transformación del campo de la Salud? con una pregunta: "Hablando de salud pública, de la gente que nos está cuidando, ¿confiaríais en un algoritmo de inteligencia artificial para decidir vuestro diagnóstico?". La respuesta, advirtió, "define mucho cómo será el futuro de la medicina".

Radeva quiso aclarar desde el principio algo que en muchos foros se da por sentado: no todo el mundo habla de lo mismo cuando dice inteligencia artificial. Distinguió con precisión entre IA, machine learning y deep learning, y situó este último como la base de prácticamente todo lo que está ocurriendo hoy: "Si estamos aquí en este momento, yo diría que el 95% es debido al deep learning".


La IA ya supera a los expertos en algunos diagnósticos


Con los conceptos sobre la mesa, Radeva desplegó un catálogo de aplicaciones que ya están transformando la medicina. La inteligencia artificial ha demostrado ser mejor que los especialistas en la detección de cáncer de mama, cáncer cerebral, melanoma cutáneo y en la predicción de ictus o infartos. La pregunta que lanzó al respecto es difícil de rebatir: "¿Quién tiene tiempo para analizar las toneladas de imágenes que hay en un hospital?".


Citó también sistemas que calculan el riesgo cardiovascular a diez años, herramientas que ayudan a los oncólogos a diseñar tratamientos personalizados y algoritmos que ajustan dosis de insulina en tiempo real. Y apuntó una transformación aún más relevante: el sistema sanitario está pasando de la medicina reactiva a la preventiva, y del promedio poblacional al paciente individual. Algunos hospitales ya prueban sistemas que transcriben automáticamente la consulta para que el médico pueda dedicar ese tiempo a algo más valioso: hablar con el paciente.


El peligro de los algoritmos que alucinan


Radeva no esquivó los riesgos. Advirtió sobre las alucinaciones de la IA generativa con un ejemplo concreto: al preguntarle sobre la evidencia de un medicamento inexistente, el sistema se inventó un ensayo clínico y hasta una enfermedad. En salud, ese tipo de error puede tener consecuencias graves. 


Señaló también el problema del sesgo: un algoritmo para detectar melanoma entrenado con imágenes en las que sólo el 5% correspondía a piel oscura sistemáticamente obviaba esos casos. Su conclusión fue clara: "La inteligencia artificial puede ser muy precisa, pero nunca es 100% segura ni 100% precisa".


A esos riesgos añadió otros de calado: la privacidad de los datos clínicos, el consumo energético de los grandes modelos, la dependencia tecnológica y la falta de explicabilidad. La pregunta sobre la responsabilidad en caso de error también quedó abierta: "Si hay un fallo en el diagnóstico, ¿quién tiene la responsabilidad? ¿La inteligencia artificial o el médico?".


No habrá paro médico, habrá escasez


Frente al miedo recurrente a que la IA deje sin trabajo a los profesionales sanitarios, Radeva ofreció una lectura radicalmente opuesta. En cuatro años se necesitará un 73% más de enfermeras y un 28% más de anestesiólogos, y la inteligencia artificial puede ser parte de la solución a esa escasez. Para apoyar su argumento recurrió a una anécdota sobre el premio Nobel Geoffrey Hinton, quien llegó a afirmar que no tenía sentido seguir formando radiólogos porque la IA los reemplazaría. Después rectificó, pero dejó una idea en pie: "Los radiólogos que utilizan la IA van a sustituir a los radiólogos que no utilizan la IA".


La pregunta que nadie puede esquivar


Radeva cerró con una reflexión que mezcló lucidez y humildad. "Si la IA puede salvar más vidas que los sistemas actuales, ¿podemos permitirnos no usarla?" Su respuesta fue firme: "La IA no es una amenaza en sí misma. La IA no sustituye al médico, pero lo empodera. La amenaza es usarla sin control, sin ética y sin comprensión".


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